Portada Publicaciones — 30 May 2011
Reflexiones sobre lo aprendido en la lucha por los derechos humanos laborales.

 

 

 

Maritza Paredes. EMIH

  Recientemente tuvimos la oportunidad de escuchar los avances que en materia de salud laboral ha realizados por la Colectiva de Mujeres Hondureñas (CODEMUH), quedando en evidencia que  el avance tiene que ver con la  apropiación de conceptos y procedimientos entre  las mismas trabajadoras desde una concepción de salud integral.

Indudablemente esto es producto de un esfuerzo continuado en el desarrollo de una metodología y de una dinámica de trabajo enfocada en este tema,  de singular importancia para las y los trabajadores de esta industria, asi como de otras, donde el principal móvil es la ganancia  para el empresario nacional asi como para el que llega a invertirá nuestro país, considerandolo como un paraíso, donde no hay obligaciones para con la población trabajadora.

También es un hecho incuestionable, que estamos enfrentando un problema que de no asumirse como una política de estado en materia de Derechos Humanos , estaría impactando en el futuro de muchas mas mujeres trabajadoras e incluso de hombres que ahora, con el alto porcentaje de desempleo, realizan las actividades que en un momento solo estaban destinadas a las mujeres.

Nos encontramos con mujeres  que ya no serán las mismas de antes, están seriamente dañadas, al punto que se hace necesario identificar nuevas actividades en las cuales se desempeñen con la dignidad que corresponde, lo que debera pasar por una  compensación y trato igual.

En el periodo 1993 – 1997, tuvimos la oportunidad de acompañar un proceso de investigación conducido por el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos (CODEH). En el mismo participaron algunas jóvenes, ahora  comprometidas, desde distintos espacios, en la defensa de los derechos humanos de estas trabajadoras, en aquel momento eran estudiantes. Asimismo  tuvimos la oportunidad de conocer promotoras de la CODEMUH, trabajando en ese momento en la maquila y  ahora en la conducción de su organización, con un mayor compromiso por haber experimentado en carne propia, lo que nos cuentan las obreras.

En esos años también la CODEMUH y el CEM- H realizaban una consulta con obreras, producto de la cual hay un informe en el que se detalla la problemática específica de las mujeres. Y más adelante hubo más estudios, realizados por organizaciones también comprometidas con los derechos humanos laborales, ente ellas ERIC, COMÚN, CDM, EMIH, de Profesionales de la UNAH, en la zona norte y centro, posterio0mente se han realizado estudios de la región centroamericana, sobre los que podremos ahondar más adelante.

En ese periodo ambos estudios fueron pioneros, ya que en ese momento era muy difícil la labor de investigar, no había recursos y sobre todo,  esta era una industria nueva, que  generaba múltiples expectativas, no solo entre las jóvenes que ingresaban a la misma, también entre los padres y compañeros de hogar. Unido a esto, el hermetismo y la vigilancia de las empresas dificultaba mucho este quehacer. Había que abordar a las obreras en sus casas, tocar de puerta en puerta exponiéndose a que los padres nos dieran con ella en la cara o negaran que en esa casa había una obrera, de esta manera cuidaban el ingreso que recién estaba resolviendo algunos de sus problemas.  En otros hogares encontrábamos a esas mujeres que recién habían migrado del campo a la ciudad, en busca de una mejor vida,  estaban temerosas de hablar, ponían en riesgo esa oportunidad.

Ha pasado mucho tiempo, pero encontramos que mucha de la problemática que en aquel momento se identifico, sigue estando presente, y en algunos casos, dentro de una dinámica más sutil que encubre la explotación. Recientemente cuando hacíamos una investigación sobre precariedad en el empleo, al identificar las dimensiones en las que debiamos enfocaríamos, la higiene y seguridad en el trabajo, así como la salud y seguridad social se consideraron temas de obligada consulta, junto a la inestabilidad, el derecho a la sindicalización, el acceso a la justicia, entre otros. En los  años 90, el periodo de mayor bonanza para esta industria,  estos  también fueron los temas más importantes. En estos días, se han agravado las cosas con el deterioro incluso de los derechos civiles y políticos, junto a los económicos, sociales y culturales.

Para fines de hacer un balance que permita definir estrategias efectivas, es necesario tener presente la memoria histórica así como la que se registra en  documentos. En el caso de la experiencia personal en la indagación realizada por el CODEH,  podemos rescatar literalmente esta información, en el acápite:

Higiene, Seguridad y Acceso a la Salud.-  La Constitución de la Republica, en el párrafo primero del art 145, afirma que  “se reconoce el derecho a la protección de la salud”. El párrafo por si solo nos ubica en la concepción de la salud como un derecho. El hacer efectivo ese derecho es una responsabilidad del Estado hondureño, quien debe asumir un papel de orientación y control de los servicios de salud, así como de aquellas actividades que pueden, de una u otra manera alterar la salud de la persona. Entre las actividades, a las que hacemos alusión en el párrafo anterior, debemos considera la productiva, ya que la historia de la humanidad nos revela los niveles de injusticia alcanzados, en lo que se refiere a la protección de ese derecho reconocido por los Estados.

En el sector productivo, la higiene y seguridad se consideran garantes de la salud del trabajador/a. Existiendo ambas en el ámbito espacial en que se desenvuelve el trabajador/a se estrían haciendo efectivos derechos que tienen que ver con la dignidad humana. La higiene preserva la salud y la seguridad contrarresta el riesgo. Ambas se encuentran estrechamente vinculadas, ya que cuando la higiene en su sentido más amplio, no existe, aparecen los riesgos, que van desde las enfermedades hasta los accidentes.

Con respecto a las condiciones a que están expuestas las trabajadoras de la maquila, pudimos establecer en la primera encuesta, que un 285 de las trabajadora afirma que no cuentan con extractores de aire, esto sucede a pesar de estar expuestas todo el día al tamo que desprenden las telas con las que se elaboran las prendas. Un 90% asegura que no se les proporciona mascarillas para protegerlas de las sustancias que pudiesen dañar su salud. De igual manera, el 93% sostiene que no se les facilita guantes para tocar sustancias que pudieran perjudicarles. Por otro lado, pese al clima de las ciudades donde opera la maquila, un alto porcentaje indico que no se le ponía ventiladores en sus áreas de trabajo (34.06%).

Para el año 1996, encontramos que las empresas persisten en no proporcionar equipos especiales para a realizar algunas de sus actividades (69%). El 51% asegura que no existen extractores y un 21% sostiene que no hay aire acondicionado (los empresarios de la maquila afirman que todas las maquilas cuentan con aire).Estos datos relacionados con las dos muestras, nos permiten afirmar que las condiciones, no han sido modificadas. Persisten condiciones que fácilmente pueden contribuir al deterioro de la salud de la trabajadora. Esto se confirma al analizar la tabla correspondiente a casos atendido durante 1996 en las oficinas del CODEH; 15% de los casos están relacionados con enfermedades profesionales y accidentes de trabajo. Otro 3% corresponde a negativa a reconocer derechos por enfermedad común.

Las enfermedades profesionales que han llegado a las oficinas, en su mayoría, están relacionadas con las vías respiratorias, algunas de ellas aun no incorporadas en la tabla de enfermedades profesionales del Código de Trabajo Hondureño, lo que implica un esfuerzo mayor en el logro de los beneficios para la trabajadora.

En la sección en la cual se aborda la problemática de maternidad, se hace una relación detallada de otras situaciones que también violentan los códigos de higiene y seguridad incorporados en nuestra legislación (ver maternidad). Un dato interesante de la última encuesta, es que no existen comedores para ingerir alimentos (38%) y en algunos casos, los existentes no tienen la capacidad para albergar una gran cantidad de trabajadoras. Es común en horas del medio día ver a las trabajadoras comiendo en las afueras de los parques, sentadas en la grama, en piedras y expuestas a la mirada de las personas que cruzan en vehículos, al polvo y sustancias contaminantes. Esta situación, según manifestaba una trabajadora que asiste a la capacitación del CODEH, provoca problemas gástricos; las ulceras y otro tipo de alteraciones son reportadas por muchas trabajadoras que llegan a la oficina. Esto lógicamente, no solamente tiene que ver con la incomodidad para comer, sino también con la intensidad de las jornadas, metas de producción, periodos cortos para ingerir alimento y en general, las condiciones ambientales y de presión que caracterizan a la maquila.

Los riegos profesionales (enfermedades y accidentes) tanto en la doctrina como en la legislación propiamente dicha,  se establece que deben ser asumidos por quien se beneficia en mayor medida de la actividad productiva, el patrono. Es precisamente esa conquista un salto del derecho civil al derecho social (laboral). Sin embargo, aun en la actualidad algunas empresas pretenden que la responsabilidad del riesgo la asuma el trabajador(a). La última muestra (100) nos indica que la empresa no se responsabiliza por la atención y gastos médicos (29%)….  En definitiva, se puede afirmar, que las trabajadoras de la maquila, están expuestas a ambientes dañinos para su salud que, con el paso del tiempo, estará invalidando a muchas mujeres para realizar labores productivas. Por otro lado están desprotegidas al no ser incorporadas al sistema de seguridad social de nuestro país, ya que al ser atendidas por médicos que paga la empresa, existe el riesgo de que las manifestaciones de las enfermedades provocadas por la presión que ejerce la lógica productiva de la maquila, sean tratadas con paliativos y bajo la óptica del interés superior, en este caso de quien paga, la empresa. A futuro esto puede tener serias repercusiones en la vida de las trabajadoras (CODEH, Estudio Socio jurídico sobre las condiciones de trabajo en las maquilas de Honduras SPS 997)[1]

De igual manera, en el otro estudio mencionado y que no tenemos a mano, se hacen consideraciones similares, con un énfasis en el análisis de género, que permite identificar más riesgos y enfermedades entre las mujeres trabajadoras, aspectos que al obtener el documento estaremos incorporando en esta página.

El propósito de hacer  este recordatorio a través de documentos con los que hemos tenido contacto,  es rescatar la importancia de una investigación- accion, permanente, tal y como lo han hecho organizaciones vinculadas a la problemática. Estamos conscientes de que muchas cosas pudieron variar para mejorar, pero otras, se agravaron, entre ellas lo relacionado con la salud. Implementar lo que la misma ley contiene, así como las novedades que se encuentran en los estudios realizados por organizaciones y ONGs hondureñas, lo que mandan los convenios internacionales o las sentenciadas producidas en instancias donde se judicializan casos emblemáticos, es uno de los desafíos de quienes hemos trabajado por hacer avances en la tarea de  dignificar el trabajo.

En el momento actual debemos tener presente, ciertos aspectos que agravan la situación, tal es el caso la legalización de algunas prácticas, como  la contratacion temporal, que flexibiliza y por lo tanto precariza aun más el trabajo. Lo anterior se ha concretado en leyes especiales emitidas por Congreso de la Republica. Este tipo de situaciones, también han sido debidamente documentadas, por varias organizaciones de la región centroamericana aglutinadas en la campana Contra la Flexibilidad Laboral[2] al momento de comparecer ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con información propia y de otras organizaciones, como es el caso de la FUTH en lo que se refiere a la tercerización, fenomeno presente en distintos rubros productivos, todos al igual que en los 90, alertando sobre el riesgo y el impacto en los derechos humanos laborales, en la vida de la gente.

 Por otro lado, nos mueve la preocupación al ver la regresión en materia de derechos humanos, que aparece con mayor claridad en  nuestro país, después del golpe de estado del 28 de junio 2009. Caracterizamos este proceso en materia laboral, como la precarización en todos los sectores productivos, que indudablemente toma el modelo de la maquila. De aquí la importancia de revisar lo documentado y las acciones en este sector, a fin de retomar lo que ya se ha caminado, con la experiencia y las nuevas modalidades de trabajo desarrolladas.

No podemos olvidar que esta situación de crisis marca una tendencia a profundizarse y,  en  la medida en que no encontremos el camino más adecuado para unir esfuerzos, cada quien con sus especialidades o preferencias, pero todas las organizaciones al unísono con una estrategia clara, en función de lo que está en juego, la vida de las personas que trabajan y el futuro de esa juventud.

No podemos permitir que la juventud pase a sustituir una población  trabajadora, que despues de algun tiempo se encuentra en condiciones aun más precarias.  Es imperativa una estrategia que tenga en cuenta  la diversidad en las formas de trabajo, que sea respetuosa de cada quien y sobre todo solidaria, ya que lo que está en juego no son las organizaciones, es la población directamente vinculada a la producción.  Por esta razón, seguiremos reflexionando sin dejar de actuar.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

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